Recomendación Lectora
Cuando era más joven, en mi etapa de instituto, no habituaba a leer ningún libro. Si bien en la biblioteca de mi casa, cuantiosamente abundante de libros de pseudo-autoayuda y de ingeniería mecánica, guardaba una cuidada colección de tebeos de Mortadelo y Filemón, no hundía mi nariz en ninguna otra historia almacenada en el papel. Esto, como todo, puede deberse a que desde muy pequeño he vivido rodeado de medios de entretenimiento: La televisión, la videoconsola, juegos de mesa, el monopatín y la videoconsola pero portátil, para jugar mientras te deslomas en el monopatín, entre otros ejemplos. Es muy difícil que un niño hiperactivo se concentre en la lectura cuando su medio le presiona a seguir lo que todo el mundo hace y explorar una galería casi interminable de videojuegos pirateados en la nintendo. El concepto de la literatura como pasión todavía no había entrado a vivir en mi cabeza. Hasta entonces no era más que un medio de entretenimiento más que generaba la risa, pues en m...