Recomendación Lectora

 



Cuando era más joven, en mi etapa de instituto, no habituaba a leer ningún libro. Si bien en la biblioteca de mi casa, cuantiosamente abundante de libros de pseudo-autoayuda y de ingeniería mecánica, guardaba una cuidada colección de tebeos de Mortadelo y Filemón, no hundía mi nariz en ninguna otra historia almacenada en el papel. Esto, como todo, puede deberse a que desde muy pequeño he vivido rodeado de medios de entretenimiento: La televisión, la videoconsola, juegos de mesa, el monopatín y la videoconsola pero portátil, para jugar mientras te deslomas en el monopatín, entre otros ejemplos. Es muy difícil que un niño hiperactivo se concentre en la lectura cuando su medio le presiona a seguir lo que todo el mundo hace y explorar una galería casi interminable de videojuegos pirateados en la nintendo.

El concepto de la literatura como pasión todavía no había entrado a vivir en mi cabeza. Hasta entonces no era más que un medio de entretenimiento más que generaba la risa, pues en mi reducido mundo existían dos tipos de lecturas: las que te hacen reír y las que tus padres guardan en la biblioteca como si se trataran de botellas de vino que nunca se van a abrir. No fue hasta cuarto de la ESO que descubrí que la lectura podría ser más que un medio para provocar la risa.

Nos obligaron a leer un libro en la asignatura de lengua y literatura el cual aborrecí. Considero la etapa en la que leí aquél libro de trama tan floja y llena de errores que un adolescente de 16 años era capaz de identificar como "la noche más oscura" de mi vida. Pero que no se preocupe la autora Ana Alcolea, pues no mencionaré que ella lo ha escrito ni el título de su libro por mantener la discreción... (*guiño*)
El caso es que la profesora me ofreció como alternativa escoger una obra de las que ella tuviera en el despacho, pues, ya que me vio interesado por un libro de un mayor nivel intelectual, quería aprovechar y dar uso a los libros que se almacenaban en el departamento.

Ahí fue cuando comencé a leer niebla, un libro en el cual su protagonista, Augusto Pérez, se encuentra bastante perdido vitalmente, en un constante debate, haciéndose preguntas tanto a sí mismo como a su amigo Víctor e incluso su propio perro. Un hombre del siglo XX, un "paseante de la vida" se pasa los días preguntándose y cuestionándose. Es en esa duda en la que lo acompañamos, pues vemos su vida y su situación, pero lo más brillante de esta obra son las reflexiones que Unamuno nos va dejando mediante las acciones del protagonista. Nunca sabes qué va a ser lo siguiente que va a sucederle  a Augusto, pues si bien un día él puede sentirse en lo más alto, al día siguiente, este puede sentirse miserable. Verdaderamente es una lectura que intriga pues no entiendes cuál es el punto final que debe llevar la obra. Al igual que el día a día del protagonista, este libro es un paseo, en el que hay una nueva reflexión a la vuelta de la esquina.

Sin desvelar el final, a pesar de que sea muy conocido y que sea uno de los finales que más gusta destripar como si nada a algunos profesores de lengua, diré que es más que un cierre a un argumento. Es una declaración del propio Unamuno, es una reflexión acerca de la vida humana, del destino, de nuestra misma esencia como personas. Precisamente, tras su lectura, comprendí que la lectura podía transmitir mucho más que una risa, pues la literatura quería enviar mensajes, reflexiones, pensamientos, dudas... Esta es la lectura que me llevo a interesarme por la literatura siendo joven y es, precisamente por esto, por lo que recomiendo encarecidamente que le deis una oportunidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Actividad de expresión oral

Competencia Digital Actividad 2