Mi seudónimo

  


El seudónimo que he elegido es Nadiel Isaz.
el nombre me sugiere novelas de ciencia ficción o de terror.





        - ¡Te toca a ti! si nos hiciera ilusión a alguno no lo echaríamos a suertes.

        - Pero tengo miedo, mi madre me han dicho que no me acerque a ese foso.

        - Eso no es justo, si has querido jugar con nosotros y te termina tocando tienes que ir.

Nasir no podía para de temblar, estaba casi al borde del llano mientras el resto del grupo, a empujones, lo llevaba hacia el foso. 

Cada fin de semana, a modo de reto, los chicos echaban a suertes tirar objetos a un foso abandonado que hay a las afueras de la ciudad. Es un terreno que, hace años, estaba en obras, pero nunca se llegó a terminar el proyecto. Nadie sabe por qué pararon, pero el resultado de ello fue un gran foso que parece sin fin del que han surgido una infinidad de leyendas urbanas que los niños usan a su favor para autoproclamarse como los más valientes del grupo. 

        - Tienes que saltar las cintas para colarte. Dicen que si ofreces algo al pozo este te ofrecerá algo bueno de vuelta. 

Nasir trajo consigo su pelota, su mejor compañera en tiempos de soledad, pues siempre que la tuviera a ella y a una pared a la que no le importara recibir un constante acoso de proyectiles, nunca estaría aburrido ni pensaría en lo solitario que se siente.

 Cara a cara frente al abismo, le pareció escuchar el silbido del viento, acariciando las paredes del oscuro pozo, casi como si lo llamara alguien desde una no muy amistosa lejanía. Sin atreverse a mirar al fondo lanzó la pelota, con pesadumbre en su corazón, pues sentía que traicionaba a su desgastada amiga al lanzarla contra en lugar del que sabía que nunca podría volver.

Un viento frío lo alcanzó por la espalda y cuando se giró vio a lo lejos a un hombre que, trajeado se acercaba lentamente. Nasir no tenía donde huir pues, si trataba de huir hacia la dirección contraría, lo único que había era el profundo pozo. Tembló, pues cada vez la figura estaba más cerca, por lo que decidió cerrar los ojos y afrontar su aparentemente inevitable destino.

El hombre pálido posó su mano sobre el hombre de Nasir y le dijo:

        -Volvamos a casa, Nasir. Tu madre estará preocupada. Deja que te compre otra pelota.

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